Crowdfunding: ¿entrada al mundo de las inversiones seguras?

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El crowdfunding o fondeo colectivo es una manera de obtener recursos económicos para una causa, un proyecto o una empresa, mediante la colaboración de muchas personas. Se basa en la idea de que es más fácil pedirle un monto pequeño a varias personas, en vez de un monto grande a pocas personas.

Con el desarrollo de las fintech (tecnologías financieras), se propició el auge de plataformas de crowdfunding en todo el mundo, las cuales permitieron conectar más fácilmente a inversionistas y a solicitantes de préstamos o capital para empresas. También dieron respuesta a un contexto de difícil acceso al financiamiento, especialmente, en sectores no atendidos por las instituciones financieras tradicionales.

De acuerdo con el Reporte Nacional de Inclusión Financiera 9, tan solo en 2017, en México, el número de proyectos lanzados en plataformas de crowdfunding fue de 97 mil, lo que, en promedio, representó un crecimiento en los últimos tres años del 500%. Mientras que el número de inversionistas o individuos fondeando campañas fue más de 83 mil.

No obstante, el crowdfunding tiene varios riesgos, por ello, fue necesario establecer una regulación, sobre todo para “proteger a los usuarios que están ahorrando o invirtiendo su dinero en préstamos o capital”, detalla Omar Said López Tronco, miembro de CFA Society of México, Asociación de Profesionales en Inversiones.

Es así que, en 2018 México se convirtió en el primer país de América Latina en publicar la Ley para Regular las Instituciones de Tecnología Financiera, también conocida como “Ley Fintech”, la cual le dedica un capítulo a las instituciones de fondeo colectivo y establece los criterios para que una empresa pueda operar, así como sanciones que pueden revocar los permisos.

Regulación del fondeo colectivo en la Ley Fintech

Para empezar, la Ley para Regular las Instituciones de Tecnología Financiera (2018) distingue tres tipos de crowdfunding: deuda, capital, y copropiedad o regalías. Estas modalidades funcionan de manera completamente diferente y es muy importante comprenderlas porque afectan la manera de obtener rendimientos, si los hay.

La Ley define al financiamiento colectivo de deuda “con el fin de que los inversionistas otorguen préstamos, créditos, mutuos o cualquier otro financiamiento causante de un pasivo directo o contingente a los solicitantes”.

Es decir, “una empresa que recibe el dinero debe registrar contablemente un pasivo [una deuda], lo que significa que tiene una obligación de pagar de vuelta este dinero y, además, debe decir cómo lo debe pagar, a qué plazo, a qué tasa de interés, entre otros” detalla Omar López.

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Mientras que el financiamiento colectivo de capital según la Ley tiene el fin “de que los inversionistas compren o adquieran títulos representativos del capital social de personas morales que actúen como solicitantes”.

El financiamiento colectivo de copropiedad o regalías tiene el objetivo de que “los inversionistas y solicitantes celebren entre ellos asociaciones en participación, por el cual el inversionista adquiera una parte alícuota o participación en un bien presente o futuro o en los ingresos, utilidades, regalías o pérdidas que se obtengan de la realización de una o más actividades o de los proyectos de un solicitante”.

En estos dos últimos casos, las instituciones no tienen una obligación de regresar el dinero, por una parte, se tienen títulos representativos del capital, es decir, eres dueño de una parte de la empresa; o bien, la modalidad copropiedad o regalías te permite ser dueño junto con otros de manera proporcional a tu inversión.

Por ejemplo, en el caso de capital “si quieres poner un restaurante y entre varias personas lo fondean, todos son dueños de una parte de ese restaurante, pero no está obligado a devolver el dinero invertido; si la empresa pierde medio millón, tú perderás, pero si la empresa gana 10 millones, serás dueño de la parte proporcional a lo que invertiste” explica Omar López.

Entonces ¿cómo es que el crowdfunding es seguro? La regulación establece que las instituciones financieras deben informar los riesgos al invertir a través sus plataformas y el usuario debe firmar una constancia electrónica de que entendió los riesgos; obliga a las empresas de financiamiento colectivo a dar a conocer, los criterios de selección de proyectos o empresas a financiar (azar, comité de evaluación, etc.).

Mientras que un solicitante de un préstamo o capital no puede estar en dos plataformas al mismo tiempo, por ello, las instituciones financieras deben ser usuarias de una sociedad de información crediticia, en otras palabras, deben reportar al Buró de Crédito, explica Omar López, miembro de CFA Society of México. De esta manera, se centraliza la información de los deudores y el ahorrador tiene un menor riesgo de que alguién no le pague.

Invertir en crowdfunding de deuda

Las plataformas que funcionan bajo este esquema son más eficientes en los procesos, ágiles, cómodas y accesibles (sí, algunas te permiten invertir desde 100 pesos). Trabajan desde plataformas web o aplicaciones y tienen amplia difusión en redes sociales. Lo que permite que personas desde diferentes puntos geográficos puedan financiar un proyecto.

En diciembre de 2017 se tenían identificadas 27 plataformas mexicanas y 4 plataformas internacionales que habían financiado a solicitantes mexicanos. Las principales plataformas en México son parte de la Asociación de Plataformas de Fondeo Colectivo (AFICO).

De acuerdo con un estudio de Finerio, con las plataformas de crowdfunding financiero puedes obtener rendimientos promedio del 19%. Así que con la regulación, te puedes sentir más seguro al invertir en las plataformas de crowdfunding. No obstante, te recomendamos siempre comparar y exigir el cumplimiento de las medidas de protección que emite la regulación, no sin antes conocer tu capacidad de ahorro de acuerdo con tus ingresos.

Además, debemos estar el pendiente de las regulaciones secundarias de la Ley Fintech, las cuales “impulsarán mayores medidas de seguridad en ciertos segmentos como el crowdfunding o financiamiento colectivo”, concluye Omar López, miembro de CFA Society of México.

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